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Cada vez es más frecuente ser testigos televisivos de una guerra tras otra. Y cada vez nos horroriza menos, debe ser que nos estamos volviendo más insensibles ante el sufrimiento y dolor ajeno.

Un ejemplo muy actual de esto es la guerra en Siria, en donde los bombardeos y la muerte están a la orden del día. Nosotros somos los que estamos detrás de la pantalla de televisión, pero ¿quienes son los que están en el campo de batalla retransmitiendo el infierno bélico? Allí están los corresponsales de guerra, los que cada día nos acercan la tragedia a casa.

Pero la primera retransmisión en directo que se hizo de una guerra fue la del golfo, a principios de los 90, en la que millones de personas de todo el mundo fueron testigos de ella, sin apenas moverse del sofá. Ante la falta de Internet, algunos periódicos sacaron varias ediciones especiales para contar las últimas novedades.

Estos corresponsales, que la mayoría de las veces se juegan la vida por informar del suceso en cuestión, muchas veces son vistos como espías o intrusos. Es un hecho que hace aún más difícil su trabajo, sometida a la presión de una situación de conflicto, de una exigente y continua demanda de nueva información actualizada y veraz. Eso sí, muchos alumnos de periodismo sueñan con ocupar este lugar y se lo imaginan como una especie de Indiana Jones. En realidad, el trabajo de la retransmisión de una guerra son muchas horas de espera, de estudio, de contrastar informaciones, enfrentarse a censuras e intereses cruzados, etc. Y todo en medio de un gran escenario donde la muerte, los disparos, la sangre, los hospitales llenos de heridos, los niños corriendo, los refugiados y los llantos no son parte de una película de ficción, son una dramática realidad.

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Aunque también pueden ser más ficción que realidad. Jean Baudrillard escribió “La Guerra del Golfo no ha tenido lugar”, un análisis de la simulación que nos llegaba a la pantalla (no sólo refieréndose a los foto-montajes, si no a incluso edificios explotados como simulación para la retransmisión, no como resultado real de la guerra). El famoso intelectual francés acabó diciendo que “la verdadera victoria de los simuladores de guerra estriba en haber metido a todo el mundo en la podredumbre de esta simulación”.

Contra este caos y la “guerra virtual” televisada en los informativos, la gran misión de los corresponsales de guerra es saber contextualizar y llevar a las casas un relato lo más profundo y a la vez humano posible. Por que la geopolítica no se explica sólo con imágenes desgarradoras de un suceso dramática concreto, ni tampoco se explica sin ellas.

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